Bajo Chiquito (Panamá) (EFE).- El poblado indígena de Bajo Chiquito, el primero al que llegaban a diario cientos de migrantes en Panamá después de cruzar la selva del Darién, está tratando de volver poco a poco a la normalidad tras el fin repentino del flujo migratorio hacia Estados Unidos por las políticas de Donald Trump.
Bajo Chiquito pasó del bullicio al silencio. Con una población de alrededor de 400 habitantes, este poblado indígena a orillas del río Tuquesa llegó a recibir en los meses de mayor flujo migratorio más de 2.000 migrantes diarios, abarrotando unas estrechas callejuelas donde se habilitaron hospedajes, pequeños puestos de comida, tiendas de ropa o servicios de internet y recarga de celulares. La mayoría están ahora vacíos.
Jason Mosquera, de 25 años, tiene desde hace cuatro años un pequeño puesto donde vende helados, bebidas o algunos platos de comida rápida como hamburguesas, además de conexiones a internet.