La Asociación de Mujeres por la Vida y el Territorio, del municipio de Cajibío, Cauca, conmemoró la lucha histórica de las mujeres por sus derechos con la inauguración de un mercado campesino que visibiliza el trabajo productivo y organizativo de las mujeres rurales.
En este proceso, la Agencia Nacional de Tierras —ANT— ha acompañado las iniciativas comunitarias que buscan fortalecer el acceso a la tierra y el desarrollo rural, reconociendo el papel de las mujeres como actoras fundamentales en la transformación del campo colombiano.
Marcela González, integrante de la Asociación, destaca el impacto de esta iniciativa en la vida de las mujeres rurales del municipio: “Este mercado es una oportunidad para que las mujeres campesinas vendamos nuestros productos frescos y agroecológicos, promoviendo la soberanía alimentaria y el empoderamiento económico en la región”.
Además, resalta que el proceso organizativo ha permitido fortalecer otras iniciativas productivas. “Hemos establecido un vivero agroforestal para la propagación y comercialización de plántulas, lo que ha mejorado los ingresos de las mujeres participantes y ha aumentado la biodiversidad local”.
Sin embargo, la falta de tierra para cultivar sigue siendo una limitante para muchas de las mujeres de la Asociación. Marcela advierte que esta situación restringe la participación de varias compañeras en los procesos productivos. “Tenemos muchas compañeras que no pueden participar en estos procesos agrícolas y pecuarios, simplemente porque no tienen dónde producir”.
Yesica Campo, lideresa de la vereda La Florida, en el corregimiento de Campo Alegre, pone en palabras la diversidad de experiencias que convergen en la organización: “Somos mujeres jóvenes que luchamos por tener un pedazo de tierra propia; somos mujeres cabeza de hogar que trabajamos por sacar adelante a nuestros hijos”.
Por su parte, Marelin Serna, lideresa de la Asociación, explica el proceso organizativo que han adelantado para gestionar el acceso a la tierra. Señala que este ha sido un camino construido paso a paso, desde el reconocimiento de la necesidad hasta la interlocución con las instituciones: “Hicimos un diagnóstico de la necesidad de tierra en nuestra organización; luego realizamos un mapeo en el municipio para identificar predios disponibles para ser adquiridos”.
A partir de allí, avanzaron en la gestión institucional. “Posteriormente presentamos las solicitudes a la ANT en conjunto con el Coordinador Nacional Agrario (CNA), para que las mujeres puedan ser propietarias y acceder a la tierra”.
La Asociación también es parte activa en la conformación del Territorio Campesino Agroalimentario (TECAM) en el municipio de Cajibío. Este proceso colectivo busca fortalecer la organización campesina y proyectar el desarrollo del territorio desde las comunidades.
Marelin explica que ya existen avances concretos en este camino. “Hacemos parte de las organizaciones que promueven el TECAM; contamos con Resolución de Inicio por parte de la ANT y estamos construyendo el Plan de Vida”. Todas las compañeras y las veredas donde habitan hacen parte de esta apuesta territorial.
Una organización que nace para enfrentar la violencia de género
La Asociación surgió hace ocho años en el marco de la defensa de las mujeres víctimas de violencias basadas en género. Actualmente, tiene presencia en los corregimientos de La Venta, La Capilla, Campo Alegre, Zona Centro y Casas Bajas, así como en 23 veredas, con alrededor de 80 mujeres articuladas.
“Las mujeres solas, desarticuladas, no somos fuertes; necesitamos estar juntas, y la única forma de ser fuertes es organizándonos”, afirma Marelin Serna, al referirse a la base del proceso colectivo que han construido en el territorio.
A partir de este principio, la Asociación ha estructurado su trabajo en cinco estrategias: la organización, como eje central; la formación, que les permite conocer sus derechos y la historia de las luchas que han permitido conquistarlos; la movilización, como una de sus principales formas de acción colectiva; la articulación con otros sectores sociales; y la incidencia política, mediante la cual participan en espacios de diálogo y concertación con el Gobierno nacional, donde posicionan sus propuestas y construyen acuerdos.
El municipio de Cajibío es un territorio marcado por la violencia y la presencia del conflicto armado, lo que ha llevado a la Asociación a desarrollar estrategias de protección individual y colectiva.
Marelin concluye resaltando la importancia de estos espacios para la vida de las mujeres en el territorio. “Tenemos espacios de refugio, de encuentro y de protección comunitaria que son fundamentales para no poner en riesgo la vida de nuestras compañeras”.