La industria azucarera del norte del Cauca atraviesa uno de sus momentos más críticos, tras la profunda crisis que enfrenta el Ingenio La Cabaña, una situación sin precedentes que pone en riesgo la estabilidad laboral y económica de miles de familias de la región.
Mientras trabajadores, corteros de caña y pequeños proveedores adelantan esfuerzos para mantener en funcionamiento el ingenio, se advierte que, presuntamente, el gremio que representa al sector estaría impulsando una estrategia jurídica que podría conducir al cierre definitivo de la planta. Para las comunidades afectadas, surge la inquietud de si se trata de una coincidencia o de una acción deliberada que desconoce el impacto social de esta decisión.
El eventual cierre del Ingenio La Cabaña no significaría la pérdida de un activo industrial más. De concretarse, afectaría directamente a más de 3.000 empleos y a cientos de pequeños cultivadores de caña, en una de las zonas más pobres y golpeadas por el conflicto en el país, donde esta actividad representa una de las principales fuentes de sustento.
Diversos sectores advierten que esta situación podría favorecer la concentración del sector azucarero en manos de los grandes ingenios del Valle del Cauca, controlados por poderosos grupos económicos, en detrimento de modelos productivos regionales, incluyentes y socialmente sostenibles. Menos ingenios regionales implican mayor concentración del mercado, mayor poder económico y menos oportunidades para los pequeños productores.
La historia del sector respalda estas preocupaciones. En décadas anteriores, la concentración empresarial y la mecanización desplazaron a miles de corteros y pequeños proveedores. Hoy, comunidades y trabajadores temen que esa misma lógica se imponga nuevamente, esta vez a través de la vía jurídica, profundizando la desigualdad y debilitando la economía regional del norte del Cauca.