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Pobreza infantil en Colombia: 4 de cada 10 niños viven en pobreza monetaria y la brecha con los adultos, de cerca de 20 puntos, no se cierra

Versiòn diario El Tiempo.

Más de cuatro de cada diez niños, niñas y adolescentes en Colombia viven en hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir lo básico. La advertencia es de Unicef, que analizó cifras oficiales del Dane y concluyó que, aunque el país reduce la pobreza, la niñez sigue cargando con la peor parte.
En 2025, el 43 % de la niñez estaba en pobreza monetaria. Es decir, 43 de cada 100 menores de 18 años viven en un hogar donde el ingreso por persona no alcanza para una canasta mínima de alimentos y otros bienes y servicios básicos. Entre los adultos de 29 a 59 años, la tasa es de 23,1 %: una diferencia de 20 puntos porcentuales. En números absolutos, de los 14,4 millones de personas en pobreza monetaria, 5,9 millones eran menores de edad.
Según Unicef, la pobreza monetaria en la niñez significa que los ingresos mensuales del hogar en el que vive un niño, niña o adolescente, divididos entre todos sus integrantes, no alcanzan para cubrir el costo mínimo de alimentos y otros bienes y servicios básicos. En la pobreza extrema, ni siquiera alcanzan para una canasta básica de alimentos.
La organización, además, explica que esa insuficiencia de ingresos limita los recursos de la familia para la alimentación, el cuidado, la salud y la educación, justo en etapas en que los niños dependen de la protección de los adultos y del Estado. Por eso, la pobreza puede comprometer su supervivencia, salud, desarrollo y aprendizaje, y dejar consecuencias para toda la vida, como menos oportunidades laborales en la adultez. Algunas pérdidas, como las causadas por la desnutrición, pueden ser irreversibles.
Entre 2012 y 2025, la diferencia de pobreza entre los niños y los adultos de 29 a 59 años se movió entre 19,1 y 21,8 puntos porcentuales, y apenas se redujo en menos de dos puntos en más de una década. La pobreza infantil sí bajó, de 55,1 % a 43,0 %, con un repunte a 56,9 % en 2020, el año de la pandemia. Pero la mejora no alcanzó para acercarse a los adultos, que también redujeron su pobreza, casi al mismo ritmo.
La brecha, advierte Unicef, tampoco depende de dónde vivan. En 2025, la diferencia entre niños y adultos fue de 18,9 puntos en las zonas urbanas y de 18,6 en las rurales, lo que indica que la desventaja aparece en ambos territorios.
La desventaja pesa más en la pobreza extrema, la de quienes no tienen ingresos ni para una canasta básica de alimentos. Allí está el 16,5 % de la niñez, frente al 7,3 % de los adultos de 29 a 59 años y al 5,5 % de las personas mayores. Es más del doble que los primeros y el triple que los segundos.
El peso de los niños en ese grupo es aún más impactante, pues representan el 45,6 % de las personas en pobreza extrema: casi la mitad. En cifras, son más de 2,2 millones de niños; en 2015 eran cerca de 2,5 millones, de modo que en diez años el número casi no se movió.
El mapa tiene además dos caras. En el campo, la pobreza monetaria infantil llega al 53,1 %, frente al 39,1 % en las ciudades. Sin embargo, por el tamaño de la población, hay más niños pobres en las zonas urbanas, unos 3,9 millones, que en las rurales, donde son 2 millones. Además, los departamentos con mayor proporción de niñez en pobreza son Chocó (78,5 %), La Guajira (72,3 %) y Sucre (65,4 %).
También importa cómo está compuesto el hogar. La pobreza monetaria es de 11,9 % en hogares sin niños y de 66,9 % en los que tienen tres o más. Y los hogares con jefatura femenina registran 32,3 % de pobreza, frente a 24,5 % en los de jefatura masculina, una distancia que se amplió desde 2012. Unicef aclara que esto no significa que la jefatura femenina cause pobreza, sino que hay cargas de cuidado y oportunidades laborales que deben entenderse mejor.
La edad dentro de la niñez también marca diferencias. La pobreza monetaria alcanza 44,8 % en la primera infancia (0 a 5 años), 44,3 % entre los 6 y 11 años y 41,3 % en la adolescencia.
De otro lado, al mirar la pobreza multidimensional, que mide carencias en educación, salud y condiciones de vida, la niñez pasó de 36,7 % en 2010 a 14,2 % en 2025, una caída de 22,5 puntos. Aun así, sigue siendo casi el doble que la de jóvenes (7,4 %) y adultos (7,5 %). En los hogares con niños, además, 75,5 % enfrenta informalidad laboral, que sube a 89,5 % en el campo.Detrás de estos números hay consecuencias de largo plazo, pues Unicef advierte que la pobreza en la infancia puede comprometer la salud, el aprendizaje y el desarrollo, y que algunas pérdidas, como las causadas por la desnutrición, pueden ser irreversibles.
Llamado a la inversión
Pese a ese panorama, los reportes del Departamento Nacional de Planeación citados por Unicef muestran que, entre 2021 y 2026, el presupuesto general de inversión subió un 4,35 %, mientras que el destinado a la niñez se redujo un 13,4 % en precios constantes. Es decir, el país tuvo más recursos, pero la infancia no se benefició de ellos.
“Hacer visible esa diferencia permite establecer metas propias para la niñez, orientar recursos hacia quienes enfrentan mayores privaciones y exigir resultados que no quedan reflejados en la reducción de la pobreza del conjunto de la población”, se lee en el informe.
Por eso, Unicef solicitó que el nuevo Plan Nacional de Desarrollo convierta la reducción de la pobreza infantil en una prioridad explícita y que los recursos para la niñez se declaren gasto protegido, incluso en un contexto de austeridad. También propone fijar metas propias para medir si la brecha con los adultos se cierra.
Con las cifras sobre la mesa, el balón está ahora en la cancha del gobierno del presidente Abelardo De La Espriella, que presentará las bases del Plan este mes y su articulado al Congreso en febrero de 2027.
Redacción Justicia
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