Versiòn de la Silla Vacìa. Por Juan David Pèrez Martìnez.
La minga indígena le dio un mes al presidente Abelardo de la Espriella para sostener un diálogo directo con ellas. Esa fue la decisión que tomaron luego de varios días de deliberación cuatro organizaciones indígenas, incluido el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric). La negativa llevará a concertar una movilización, más grande que la de hoy que se desplazó desde Caldono hasta Santander de Quilichao, en el Cauca, por la vía Panamericana. Si no hay diálogo, ya se tantea venir a Bogotá, adonde llega el movimiento indígena cuando el gobierno no cumple sus peticiones, como le sucedió incluso a Gustavo Petro.
Esa conclusión es el resultado de una cumbre en el resguardo Kweth Kina, en Caldono, un municipio al norte del Cauca, donde estuvo La Silla Vacía.
El espacio, llamado Cumbre Indígena y Movilización Social por la Vida y el Territorio, fue liderado por el Cric, el consejo indígena que agrupa a 400 mil indígenas, la mayoría nasa, que conforma la organización étnica más poderosa de Colombia.
La relación con el nuevo gobierno es tensa. “Una cosa es el movimiento indígena y otra el Cric”, dijo De la Espriella frente al anuncio de movilizaciones y advirtió que no se dejaría presionar. En campaña, el Cric había acompañado, con la líder nasa Aída Quilcué en la fórmula, la campaña presidencial del Pacto Histórico. Y había tenido representación en el gabinete de Gustavo Petro en cargos como el Ministerio de Igualdad, que en su ocaso estuvo a cargo del líder nasa Lucho Acosta.
Ahora, con De la Espriella, se oponen a la creación de un sistema de información para las guardias indígenas, la modificación de la consulta previa y el decreto que regula la protesta, que el presidente firmó ayer en la tarde y se estrenó hoy en la movilización, que en Santander de Quilichao se desarrolló de forma pacífica.
Esos mismos anuncios los capitaliza la oposición —entre sindicatos y el Pacto Histórico— e integran el pliego de motivos que los lleva a movilizarse. Pero desde el movimiento indígena se desmarcan de esa etiqueta. “No somos oposición porque no somos un partido político”, explica Edgar Fernández, consejero mayor del Cric y uno de los voceros de la cumbre. “Nosotros nos encontramos, vamos por el mismo camino, pero nos diferenciamos”, contrapuntea Jorge Sánchez, integrante de la minga suroccidente del Cric. Habla del Pacto Histórico, el principal partido de oposición.
La aclaración no es menor. Las autoridades indígenas han acompañado tanto al gobierno de Gustavo Petro como al Pacto Histórico en las elecciones. Además de la candidatura de Quilcué, en el gobierno Petro miembros del Cric ocuparon cargos en el gabinete y recibieron la mayor financiación de la historia para cumplir compromisos que durante décadas habían hecho otros gobiernos.
“Tenemos puntos en común con el Pacto, por supuesto”, añade Edwin Capaz, coordinador del área de Derechos Humanos del Cric, sobre el Pacto Histórico. “Sin embargo, el carácter de autoridades indígenas y de pueblos indígenas va primero. Si un gobierno de izquierda vuelve a subir y se pone en contra de esto, pues lo mismo haremos”.
El movimiento indígena se desmarca del Pacto
Ese movimiento se concibe a sí mismo como progresista, pero se distancia de etiquetarse en la izquierda y en la oposición, un lugar en donde sí están el Pacto Histórico y los sindicatos. Principalmente, su postura la sustentan en que no son un partido político, los mismos que declaran si son gobiernistas, independientes u opositores ante el Consejo Nacional Electoral (CNE).
“Decir que somos de oposición es un desatino”, dice Edwin Capaz, del Cric. “Es un planteamiento que desconoce realidades, que desconoce esta construcción de 55 años, que desconoce una visión que va mucho más allá del gobierno”. El Cric, que nació en 1971, es la organización indígena más longeva del país y, según sus miembros, se ha enfrentado a ideologías de izquierda y derecha.
Joenilson Sauca, exconsejero mayor del Cric y vicegobernador del resguardo de Kokonuko, sostiene que “a nosotros no nos mueve el Pacto Histórico” ni ningún partido opositor. “Los respetamos, sabemos que ejercen una lucha representada en el poder de la democracia, pero no son nuestros voceros”, continúa. Por el contrario, Sauca dice que esa vocería está en sus autoridades indígenas y las consejerías, que los representan.
El argumento también es organizativo. Sánchez, de la minga suroccidente, explica que el Cric tiene dos estructuras. La primera es la que está orientada por las 138 autoridades que lo integran; luego está la electoral, representada en el Movimiento Unidad, una colectividad que este cuatrienio tiene curul en la circunscripción indígena con el representante Carlos Calvo.
“Quien tomó una posición de oposición fue el movimiento del cual hacemos parte”, cuenta Sánchez en referencia a Unidad. “Esa estructura tiene un gerente, un coordinador, un dinamizador político, que es diferente. Ahí no están las autoridades, ahí hay un equipo que delegó las autoridades para que hagan el desarrollo político”, añade.
Sus causas progresistas están en su agenda, que priorizan por encima de la discusión de si son de izquierda o derecha. Sauca también dice que el Pacto Histórico, ya como unión de partidos, es una colectividad reciente y que, incluso, “lo que está haciendo la oposición en este momento es copiar lo que hemos reivindicado históricamente nosotros” durante los procesos de movilización. “¿Qué fue primero: el Pacto Histórico, las movilizaciones o las mingas?”, pregunta el líder comunero.
Frente a la participación en el gobierno Petro, desde el Cric se argumenta que esa representación fue individual. En el caso de Aída Quilcué, fue “el único proceso no democrático en el que estuvo”, sostiene el coordinador Capaz. “El proceso no la eligió (como fórmula vicepresidencial), fue un llamado de Iván por un reconocimiento a una trayectoria individual, que es válida, pero también por un reconocimiento de una trayectoria colectiva”, complementa.
Por eso aseguran que más allá de las afinidades que sostengan con un partido político como el Pacto, la prioridad será defender sus derechos. Y cuando consideran que están en riesgo, sus autoridades arman un encuentro para deliberar. Esa fue la razón de ser de la cumbre de Caldono.
El Cric quiere interlocución directa con Abelardo
“Hemos tenido siempre los mecanismos de encuentro cuando existen unas coyunturas como esta, que ponen en riesgo la vida, la paz y en especial los derechos”, le dijo a La Silla la representante Aída Quilcué el lunes, justo cuando comenzó el espacio deliberativo de la cumbre.
El exministro Acosta, que acompañó la cumbre aunque no tiene vocería, contó que espacios como el de esta semana han ocurrido en otros gobiernos, y suelen coincidir con la discusión por el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Por ejemplo, hubo una a mediados de 2022, se llamó Cumbre de Pueblos Originarios y también buscó construir una concertación “gobierno a gobierno” en la previa a la posesión del presidente Gustavo Petro.
La deliberación comenzó el lunes bajo la lluvia en el resguardo y después del almuerzo, un sancocho de cerdo cocinado en una gran cocina de leña. Las 2 mil sillas que se desplegaron por todo el edificio principal se llenaron. Afuera se instalaron casetas, como si se tratara de una feria propia, donde se vendía comida rápida, chompas para la lluvia o productos ancestrales.
Ese último punto fue el que más se discutió. Y desde ahí se identificaron las tres iniciativas del gobierno —registro de guardias, consulta previa y decreto sobre protesta—. “Ese decreto reafirma lo que fue el estallido social, donde le sacaron los ojos a los jóvenes, los mataron de manera ilegal y los persiguieron. ¿Qué más podemos esperar?”, dice Quilcué sobre la normativa a la protesta.
Desde el gobierno los mensajes hacia el movimiento indígena han sido escuetos. A pesar de ser una organización que habita en una de las zonas con más presencia de cultivos ilícitos y grupos armados, objetivos estratégicos en seguridad para el nuevo gobierno, el mundo indígena es lejano para el proyecto político de De la Espriella.
En su única referencia al Cric, De la Espriella afirmó que se tocó el tema de sus movilizaciones en un Consejo de Ministros. Dijo estar abierto al diálogo con “sus autoridades legítimas”, pero, agregó, “no vamos a negociar bajo presión, no vamos a negociar bajo vías de hecho y mucho menos, por supuesto, bajo amenazas”.
“Necesitamos un debate con el presidente”, insiste el consejero mayor Edgar Fernández. Esa es una de las ideas que más se repitió en la deliberación. El movimiento indígena cree que esa interlocución es necesaria para comprender las diferencias que existen entre su propio gobierno y el Ejecutivo. “Nosotros creemos que el presidente no conoce nuestra organización”, sostiene a su turno Eidbar Fernández, consejero mayor de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin), adscrita al Cric.
El consejero argumenta que su organización no ha tocado esa posibilidad y que buscan un diálogo abierto con De la Espriella. De hecho, en la marcha de hoy no hubo violencia. “Si el gobierno no quiere protestas, pues atienda al movimiento indígena. A mí me parece que es lo más sano en un país de libre expresión, salir al debate”, añade.
En el pronunciamiento que leyeron en Santander de Quilichao, los puntos de partida quedaron fijos: la consulta previa es “intocable e inmodificable”. La guardia indígena “solo obedece a la comunidad y a sus autoridades”. Al presidente lo llamaron a un diálogo en El Pital en un plazo de un mes.
Si eso no ocurre y se profundiza la tensión con los indígenas, el gobierno se enfrentará a un movimiento que ha comprobado, durante más de medio siglo, tener una respuesta masiva en la calle.