Versiòn diario El Tiempo.
El Macizo Colombiano, conformado por 89 municipios de 6 departamentos, es un tesoro ambiental. Allí la Cordillera de los Andes se divide en tres ramificaciones (occidental, central y oriental) y es la región donde nacen los ríos más importantes del país, incluyendo el Magdalena, Cauca, Patía y Caquetá, por lo que también es conocida como la Estrella Hídrica de Colombia.
También en esta región convergen siete importantes complejos de páramos, tres de ellos sobres los cuales intervino el proyecto Páramos Macizo: los Guanacas – Puracé – ; Coconucos y Sotará, entre los límites del Huila y el Cauca; y el complejo del Páramo Las Hermosas, en el Valle del Cauca.
Y, justo allí, las comunidades que cohabitan con los páramos se han concientizado sobre la importancia de cuidar los páramos y han pasado de practicar una ganadería extensiva en la zona de prepáramos a aprender sobre sistemas silvopastoriles o ganadería regenerativa para mitigar los daños al ecosistema. De esta manera, las comunidades pasaron de ser observadores a protagonistas de su territorio y convertirse en guardianes de los páramos, como ellos mismos se denominan.
Lo hicieron a través del proyecto Páramos Macizo cuyo objetivo es conservar los ecosistemas de páramo y bosque de prepáramo de esta región, fortaleciendo capacidades locales, promoviendo prácticas sostenibles y consolidando herramientas para la gestión del territorio. El proyecto fue implementado por ONF Andina – sucursal de ONF International y parte del grupo de la Office National des Forets (ONF) –, una entidad pública francesa que gestiona y conserva los bosques. ONF Andina, en alianza con la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM) y la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), adelantaron el proyecto en los últimos cuatro años, contando con el financiamiento del Fondo Frances para el Medio Ambiente Mundial, a través de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD).
“El principal servicio ecosistémico del Macizo Colombiano es la provisión de agua, tanto para consumo humano como para las actividades agropecuarias e industriales. Ocupa 4.2 millones de hectáreas del territorio colombiano, pero su mayor riqueza y valor ecosistémico y económico consiste en ser una esponja hídrica”, resaltó Juan Pablo Puentes, director técnico de ONF Andina.
De acuerdo con Juan Pablo, el proyecto tenía tres frentes de acción: reconversión productiva sostenible, restauración ecológica y apoyar el proceso de planificación conjunta de los ecosistemas. Debido a que los complejos de páramo, en la mayoría de los casos, se extienden por varios departamentos, las corporaciones suelen intervenir en su jurisdicción territorial. Pero, “desde el proyecto Páramos Macizo Colombiano, le damos una mirada a nivel ecosistémico de todo el complejo que va más allá de las fronteras, para lo cual la plataforma digital colaborativa Forland, entregada por el proyecto, es una herramienta útil para este fin”, aclaró.
Forland es una plataforma de gestión, visualización y análisis de datos cartográficos en línea, desarrollada por ONF Internacional y administrada en América Latina y el Caribe por ONF Andina, que permite cruzar la información, realizar simulaciones y definir indicadores para apoyar la gestión territorial y la toma de decisiones de instituciones a nivel local y regional. En América Latina, Forland se viene desarrollando con éxito en Brasil, Ecuador y Colombia. A través de esta plataforma se consolidó y procesó información requerida por las autoridades ambientales que conforman el Sistema Regional de Áreas Protegidas del Macizo Colombiano – SIRAP Macizo, para la formulación de planes conjuntos de manejo ambiental de los páramos.
Comunidades, protagonistas de la conservación
Un actor clave en este proyecto ha sido la comunidad, sobre todo aquella que desarrolla actividades productivas que impactan negativamente al ecosistema como la ganadería extensiva. Por ello, lo primero que hizo el proyecto fue mapearlas y ofrecerles alternativas concertadas con ellos para que puedan ejercer sus actividades de manera sostenible.
Así mismo, en las áreas que ya fueron intervenidas propendieron por la conectividad ecológica entre el bosque alto andino del prepáramo y el ecosistema de páramo a través de procesos de restauración ecológica, tanto activa como pasiva, en las cuales los propietarios participaron.
Luego de 4 años de intervención, los resultados son contundentes. La meta inicial era reconvertir 414 hectáreas de ganadería extensiva en sistemas silvopastoriles o ganadería regenerativa, aunque también se intervinieron otros sistemas productivos como fríjol asociado a maíz en el Huila, y finalmente se lograron reconvertir 644 hectáreas en el Cauca, Huila y Valle de Cauca. Y en términos de restauración, la meta de 682 hectáreas se superó con 1.815 hectáreas restauradas de manera activa y pasiva.
El paso a paso con la comunidad
Lo primero que hicieron fue la planificación predial participativa; es decir, identificar los predios a través de un análisis predial. Así se pudo determinar quiénes viven allí, a qué se dedican y qué áreas tienen intervenidas. Luego, se les concientizó sobre qué área de su predio definitivamente no deberían tocar más con la ganadería para permitir la función ecológica del ecosistema y se les recomendó qué área, de la que ya se intervino para su actividad productiva, debe ser restaurada para generar corredores de conectividad, financiándolos para lograr el objetivo.
“Es muy bueno porque nos enseñaron a identificar los árboles, se hizo el aislamiento de protección y los árboles, con el tiempo, van a ser un filtro. La misma naturaleza se va a ir restaurando”, confesó Julián Velásquez, beneficiario del corregimiento La Diana, en el municipio de Florida, en el Valle del Cauca.
Finalmente, se les acompañó y apoyó a determinar el área en donde sí podrían desarrollar la actividad productiva, pero reconvertida, para que ya no presione más el ecosistema a través de estrategias como rotación de potreros, división con cercas eléctricas movibles, bancos de forraje, acueductos ganaderos para que los animales no vayan más a las fuentes de agua y mejorar las condiciones del pastizaje para que los animales tengan más comida en menos espacio. De esta manera, se pasó de un promedio de tener menos de un animal por hectárea (entre 0.60 y 0.70) a lograr tener de 1 o 1.5 animales por hectárea en las áreas intervenidas.
En la vereda Campoalegre, en el municipio La Argentina, en el Huila, vive Pablo Páez quien puede dar fe de la reconversión de la actividad. Ellos recibieron postes, cerco eléctrico y el panel solar. “Al poder rotar los animales dentro del lugar, entonces van a comer mejor porque van a tener una porción más efectiva de pastizaje, además se hicieron los bebederos para que tengan agua pura. También se han sembrado forrajes para mejorar la alimentación de los animales”, explicó Pablo y agregó que en su finca ya se ven los resultados en el color de los pastos y resaltó que ha sido fundamental la parte educativa del proyecto para poder llegar a la ganadería sostenible.
Esto se traduce en que los animales no tengan que buscar más territorio, que los propietarios no tengan que deforestar más, ni quemar más, para poder desarrollar su actividad, sino que la hacen de manera intensiva en menos espacio y con mejores resultados.
“Entonces ese mapa se reconvierte. Hicimos un ejercicio prospectivo a 12 años. Les dijimos: ‘esta es la foto de su predio, pero cuál es la foto del predio que queremos ver dentro de 12 años en términos de conectividad, biodiversidad y valores ecológicos’. Pero, además, que les genere a ellos ingresos para poder vivir, solucionar sus necesidades básicas y alimentar a sus hijos”, explicó Juan Pablo Puentes y agregó que, de esta manera, la comunidad decidió sumarse de manera voluntaria al compromiso de conservación.
Un compromiso tripartita
Los acuerdos de conservación firmados fueron tripartitas, participaron la autoridad ambiental, el propietario de cada uno de los predios y el proyecto Páramo Macizo. Estos compromisos de conservación van más allá del horizonte de ejecución del proyecto (que en total se hizo en 48 meses con una prórroga que hubo), por lo que los acuerdos de conservación se firmaron a 5 años.
Por ello, fue necesario involucrar a más actores para que el proyecto sea sostenible en el largo plazo. De esta manera estarán involucradas las corporaciones autónomas regionales, ejerciendo la autoridad ambiental en los próximos años. Igualmente se articuló con gremios como los comités de ganaderos departamentales, y con los Ministerios de Agricultura y Desarrollo Rural, de Ambiente y Desarrollo Sostenible; y entidades como Agrososavia y el Sena, con el fin de utilizar los resultados del proyecto para fortalecer la implementación de la Ley 1930 de 2018 de gestión integral de los complejos de páramos del país.