El departamento del Cauca vive uno de los puentes festivos más complejos en materia de orden público de los últimos meses, con una cadena de hechos violentos registrados en varias subregiones. La crisis humanitaria en el municipio de López de Micay continúa siendo motivo de preocupación por el secuestro de ocho personas desde finales de junio y el desplazamiento forzado de más de un centenar de familias hacia Buenaventura. A esta situación se sumó una nueva masacre en zona rural de Almaguer, donde cuatro personas fueron, al parecer, torturadas, amarradas y posteriormente asesinadas con arma de fuego. Asimismo, dos mujeres comerciantes fueron secuestradas en hechos distintos: una en el sector de Piagua, sobre la vía Popayán-El Tambo, y otra en el restaurante El Lago de la Marquesa, ubicado a un costado de la vía Panamericana entre Popayán y Timbío, donde además se registró el hurto de dinero y otros elementos.
Durante el mismo fin de semana también se reportó un hostigamiento contra la base militar ubicada en el municipio de Toribío, mientras que una estación de servicio en Santander de Quilichao fue objeto de un asalto a mano armada. En contraste con estos hechos, tropas del Ejército Nacional lograron rescatar a cinco personas que habían sido secuestradas sobre la vía Panamericana, en jurisdicción del municipio de Rosas, luego de una rápida reacción militar que obligó a los responsables a huir del lugar. Entretanto, en Santander de Quilichao se registró un nuevo caso de sicariato, cuando un hombre que se movilizaba en motocicleta fue asesinado a tiros en el barrio Morales Duque. El panorama evidencia la persistencia de la violencia en el departamento y plantea nuevos retos para las autoridades en materia de seguridad y protección de la población civil.