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Accidente aéreo en Putumayo se convertiría en la mayor catástrofe de la FAC: superaría la tragedia de Santa Ana en 1938

Versiòn Infobae.

La mañana del lunes 23 de marzo de 2026, la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) sufrió un accidente aéreo de gran magnitud que marcó a las Fuerzas Armadas y a la sociedad.

Un C-130 Hércules con 128 personas a bordo —entre ellas, 11 tripulantes de la FAC, 115 militares del Ejército Nacional y 2 agentes de la Policía Nacional— se precipitó, dejando al menos 70 fallecidos y 51 heridos, según el reporte oficial entregado a Infobae Colombia.

Este accidente representa uno de los eventos más luctuosos para la aviación militar colombiana en tiempos recientes y genera conmoción dentro del país. Las cifras oficiales y la lista de víctimas continúan bajo estricta revisión por parte de las autoridades, en medio de la complejidad del operativo de rescate y evacuación.

El siniestro de 2026 revive en la memoria colectiva otro episodio que marcó un antes y un después en la historia de la aviación nacional: la tragedia de Santa Ana, ocurrida el 24 de julio de 1938. El hecho, registrado durante una ceremonia militar en el Campo de Marte de Santa Ana —hoy Cantón Norte, en Usaquén, Bogotá—, es considerado la mayor catástrofe aérea de la FAC en Colombia.

Según la División General de Aviación Militar Nacional Colombia, la jornada de 1938 reunía a más de 500 invitados, entre ellos el presidente saliente Alfonso López Pumarejo y el electo Eduardo Santos. El evento, organizado para celebrar los 400 años de la fundación de Bogotá y la conmemoración de la batalla del Pantano de Vargas, contemplaba una exhibición aérea a cargo de una escuadrilla de cinco Hawk II F11C.

La maniobra conocida como “la carrera del ratón”, liderada por el teniente piloto César Abadía, consistía en que los cinco cazas ejecutaran acrobacias en fila india, siguiendo los movimientos de su comandante. Tras una primera pasada sin contratiempos, el teniente Abadía realizó una maniobra imprudente a solo 30 metros de altura y perdió el control del aparato, que se precipitó hacia una de las tribunas colmadas de espectadores.

La hélice del avión abrió paso entre la multitud, causando la muerte de 75 personas, entre civiles y militares, y dejando más de 100 heridos. Muchas víctimas eran niños y asistentes que se encontraban en primera fila, atrapados por el pánico y la estampida.

Figuras históricas atrapadas en la tragedia

Entre los heridos en Santa Ana se encontraba Misael Pastrana Borrero, que años después asumiría la presidencia de Colombia (1970-1974). Tenía 15 años y sufrió heridas graves que requirieron cirugía, dejando secuelas en su rostro.

Durante su mandato, los medios recordaban el accidente al referirse a su peculiar expresión facial. También resultaron lesionados el general Julio Berrío París y otras figuras del ámbito militar y político.

El impacto de la tragedia alcanzó a familias enteras y altos funcionarios. Dos hermanas de Julio César Turbay Ayala —que también sería futuro presidente de Colombia entre 1978 y 1982— murieron en el siniestro. La magnitud del accidente conmocionó a la sociedad y a la dirigencia política del momento, aunque los presidentes López Pumarejo y Santos salieron ilesos.

Medios de la época documentaron que la imprudencia del piloto y la baja altura de la maniobra fueron las causas principales. El teniente Abadía sobrevivió, pero fue arrestado y procesado por violaciones a las normas de seguridad, tras una investigación en la que salió a la luz que había sido suspendido previamente por asumir riesgos excesivos.

La memoria colectiva y el olvido

A pesar del alto costo humano y del impacto social, la tragedia de Santa Ana fue diluyéndose en la memoria histórica. El tiempo y el relevo generacional relegaron el episodio a los archivos y a los relatos de algunos cronistas, aunque representa la mayor pérdida de vidas en un solo evento para la aviación militar colombiana.

Las cifras oficiales difieren en algunos registros, pero coinciden en que murieron entre 61 y 75 personas, y más de un centenar resultó lesionada. La prensa nacional de entonces reflejó el trauma y la incertidumbre en la sociedad, que presenció cómo un acto de celebración se transformó en una de las escenas más cruentas de la historia reciente.

Días después del accidente, el presidente López Pumarejo comentó con humor que se había salvado gracias a que estaba “rodeado de dos Santos”, en referencia a la familia del presidente electo y el entonces alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Santos.

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