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Así quedarían las fuerzas en el Congreso según el presidente que se elija en junio: las negociaciones con partidos tradicionales será clave

Versiòn infobae.

La reciente elección legislativa dejó al Congreso de la República fracturado, sin una mayoría clara para ninguna fuerza política, aunque sí dejó una clara victoria a dos de los partidos más radicales en la actualidad: el Pacto Histórico y Centro Democrático.

El rediseño del parlamento tras las elecciones del 8 de marzo reafirmó a Pacto Histórico y al Centro Democrático como los bloques más musculosos, pero ninguno logró mayoría absoluta. Actuarán como polos opuestos, condicionando la agenda del Ejecutivo o ejerciendo la oposición.

Históricamente, el Congreso ha oscilado entre la hegemonía bipartidista y la dispersión, pero nunca afrontó tal polarización entre bloques fuertes y minorías estratégicas.

“Hay dos fuerzas políticas claramente definidas y robustas: el Pacto Histórico y el Centro Democrático”. Por su parte, Luis Ernesto Gómez destaca que “a pesar de un claro fortalecimiento del Pacto Histórico y del Centro Democrático en el Congreso de la República, sigue habiendo un número muy importante de partidos tradicionales cuya lógica se parece más a la de organizaciones clientelares que a la de partidos ideológicos”, señaló el analista Gabriel Cifuentes en diálogo con Cambio.

Gobernabilidad y retos para el próximo presidente

El modelo colombiano obliga al Ejecutivo a construir coaliciones amplias, con concesiones sustanciales en el reparto de cargos públicos. El arranque del presidente Gustavo Petro refleja este esquema: formó una alianza amplia que facilitó reformas clave como la tributaria y el Plan Nacional de Desarrollo.

Esa estabilidad duró poco y la coalición se quebró. Tras la ruptura, las negociaciones pasaron a ser individuales con parlamentarios, intensificándose la distribución discrecional de recursos públicos, popularmente conocida como ‘mermelada’.

“Hemos consolidado en Colombia un modelo conocido como presidencialismo de coaliciones con alta fragmentación política”, señaló el politólogo Gonzalo Araujo a la revista.

Analistas coinciden en que los pactos responden más a intereses burocráticos que ideológicos, restringiendo la capacidad del presidente para imponer su agenda y posicionando de nuevo a los partidos tradicionales como árbitros de la gobernabilidad.

Escenarios para los aspirantes presidenciales

La composición final del Congreso determinará la viabilidad de alianzas y de mayorías eficaces. El candidato que logre la Presidencia afrontará el doble reto de unir su bancada y persuadir a los partidos históricos para respaldar su proyecto.

El próximo presidente, cualquiera que sea, no tendrá la posibilidad de sacar adelante fácilmente una agenda reformista”, advierte María Jimena Escandón García al medio nacional.

Si Iván Cepeda triunfa, el Pacto Histórico liderará el Senado, pero necesitará negociar voto a voto con partidos opuestos. Una presidencia de Paloma Valencia supondría que la izquierda y el centro-izquierda podrían optar por la independencia o la oposición, debilitando al oficialismo y forzando acuerdos circunstanciales. En caso de Abelardo de la Espriella, su partido se perfilaría como una oposición radical si no alcanzara la jefatura del Estado.

En escenarios en los que Claudia López o Sergio Fajardo lleguen a la presidencia, el bloque oficialista será menos cohesionado y tendrán que pactar tanto a la derecha como a la izquierda para sumar los 52 votos clave.

Si Roy Barreras es elegido, su experiencia podría facilitar una mayoría amplia inicialmente, aunque los expertos advierten que esta estabilidad sería frágil por la tendencia a rupturas rápidas en las alianzas.

Escándalos y riesgos para la estabilidad institucional

Los desafíos no solo provienen de la fragmentación política. El Congreso ha sido centro de atención por escándalos de corrupción, ejemplificados en el caso de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), que involucró a funcionarios del Ejecutivo y legisladores en el uso indebido de fondos.

Las detenciones de expresidentes del Senado y la Cámara, así como de otros congresistas que habrían aceptado dinero para votar proyectos, han socavado la confianza pública y la capacidad de acción legislativa.

Este ambiente impulsa negociaciones individualizadas y facilita el fortalecimiento de clanes regionales dentro del Legislativo. Aunque los principales candidatos presidenciales rechazan la corrupción, la labor cotidiana en el Congreso sigue liderada por el intercambio de favores y la expectativa de cargos, lo que compromete la transparencia y hace más incierto el margen de maniobra del próximo presidente.

Las consecuencias de la fragmentación y los recientes escándalos anticipan una gobernabilidad restringida. Todo avance dependerá de acuerdos complejos y de la capacidad de rearmar coaliciones de forma constante. No se vislumbran mayorías duraderas ni mucho menos certeza de aprobar reformas profundas.

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