Las prácticas de las mujeres iraníes en su lucha contra el sistema autoritario de la República Islámica han ido más allá de cortarse el pelo y quemar el velo; esta vez salen a la calle con los labios ensangrentados y encienden sus cigarrillos con una foto de Jamenei.
En noviembre de 2025, Omid Sarlak, un joven que vivía en Oligudarz, en el oeste de Irán, publicó un vídeo suyo en las redes sociales en el que aparecía incendiando una fotografía del líder de la República Islámica, Alí Jamenei. Solo unas horas después de la publicación de estas imágenes, se encontró su cadáver en su vehículo privado, tras haber recibido varios disparos.
Anteriormente, Qasim Bahrami, poeta y crítico iraní, fue arrestado en septiembre de 2021 por incendiar una fotografía de Alí Jamenei en Mashhad, su ciudad de residencia, y trasladado a un lugar desconocido. Durante dos meses no se supo nada de su paradero.
En el momento de quemar la fotografía, leyó este poema: «Quémate, Satanás, en esta tranquila tormenta; lo que te sobrevendrá, ni siquiera lo sabes. Has quemado mi juventud en lo más profundo de mi fe; arde, oh injusto, mientras puedas arder».
Sin embargo, parece que la dura reacción del aparato represivo del régimen iraní ante esta forma de protesta no solo no ha quebrado la determinación de las mujeres iraníes, sino que ha radicalizado aún más su lucha por la libertad.
En los últimos días, coincidiendo con una nueva ronda de protestas nacionales iniciada el 28 de diciembre de 2025, motivada por el deterioro de la situación económica y de las condiciones de vida, han comenzado a circular en las redes sociales imágenes de mujeres jóvenes no solo quemando fotografías del líder de la República Islámica, sino también encendiendo sus cigarrillos con ellas.
Las mujeres que participan en esta iniciativa han combinado la quema de la imagen del líder con el acto de fumar, una práctica que durante décadas ha estado restringida o estigmatizada para las mujeres en la sociedad iraní. Con ello, las manifestantes parecen desafiar simultáneamente la autoridad política y religiosa del régimen y las estrictas normas sociales impuestas a las mujeres, basadas en una visión profundamente sexista.
Los vídeos de esta forma de protesta se han reproducido miles de veces en las redes sociales de todo el mundo, lo que dificulta cada vez más su contención por parte de las autoridades, pese al continuo funcionamiento del aparato represivo.
De este modo, las mujeres iraníes, que ya habían captado la atención internacional durante las protestas posteriores a la muerte de Mahsa Zhina Amini bajo custodia de la Policía de la Moral en 2022, han ido un paso más allá.
Si entonces sus acciones se interpretaron como una «negación simbólica de las políticas sexistas y autoritarias del sistema», hoy participan en protestas con los labios ensangrentados, hacen ejercicio en plena calle frente a las fuerzas de seguridad y encienden cigarrillos con fotografías en llamas de Jamenei, colocando de nuevo la resistencia femenina iraní en el centro del debate internacional.
Desde ponerse el turbante en broma hasta desnudarse en público
Tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, aunque el Gobierno logró desalojar las calles tras cuatro meses de represión sangrienta, con más de 500 muertos y al menos 2.400 detenidos, no consiguió sofocar la lucha de las mujeres iraníes por sus derechos fundamentales.
Las grandes protestas fueron reprimidas con violencia, pero la resistencia se transformó progresivamente en acciones simbólicas. Durante los últimos tres años, la sociedad iraní ha sido testigo de nuevas formas de protesta protagonizadas por mujeres: desde acudir sin velo a universidades y espacios públicos, hasta arrojar turbantes de clérigos en callejones y bazares, participar en competiciones deportivas poco visibles o incluso desnudarse en público, como ocurrió en la Universidad Azad de Teherán.
Sus sangrientas luchas durante las protestas de Mujer, vida y libertad también continuaron, ya que los agentes del régimen recurrieron a todo tipo de métodos represivos, desde disparos de perdigones dirigidos a los ojos hasta agresiones sexuales generalizadas en las cárceles.
Las alumnas protestan y afrontan el coste del envenenamiento
Otra característica clave de la protesta femenina en Irán es que no se limita a una franja de edad concreta. Las movilizaciones llegaron incluso a las escuelas, donde alumnas, aún con delantal, coreaban consignas contra el sistema, una escena sin precedentes en los más de cuarenta años de gobierno de la República Islámica.
El Gobierno respondió con detenciones de familiares de estudiantes. Meses después, comenzaron a registrarse en todo el país casos de envenenamientos en cadena en centros escolares. Las alumnas perdían el conocimiento de forma repentina y eran trasladadas de urgencia a hospitales con síntomas respiratorios, palpitaciones y entumecimiento.
Investigaciones posteriores señalaron que más de 800 estudiantes de al menos 15 ciudades iraníes resultaron afectadas en 2023. El Ministerio de Salud confirmó que los casos se debieron a una «toxina muy leve». El entonces viceministro de Salud, Yunus Panahi, llegó a declarar que «alguien quería que se cerraran las escuelas, especialmente las de niñas», aunque retiró sus palabras al día siguiente. El Gobierno iraní negó cualquier responsabilidad y, hasta hoy, nunca se ha identificado a los autores de los envenenamientos.